1.2.10

Púrpura y Blanco.

El tiempo pasa lento. Aspira humo. La quietud de la noche le permite escuchar el crujir del tabaco. 
De una bocanada eso podría consumirle la vida por lo que inhala suavemente observando con detenimiento al rojo candente furioso devorar el hilo negro que le circunda y este al siena tostada. En la carrera de colores donde la meta son sus dedos, que sienten cada vez más próximo el intenso color del fuego, su pensamiento se dispara a otra parte al tiempo en que sus dedos tras haberse quemado reaccionan soltando la colilla.
Ya está en otro lugar donde los acrónimos, los AK-47 y las drogas no existen donde las risas al igual que el llanto jamás han sido escuchadas por que no hay seres que las emitan. Ahora es parte de las moléculas enmascaradas que se han detenido frente a él flotando. Son también neblina de emociones cautivas. Es este el sitio donde hasta los recuerdos quedan atrapados, solo imágenes que señalan han existido pero cual postales incapaces son de someterlo al dolor nuevamente.
La vida se aspira y palpa de una manera extremadamente inigualable, solo quietud ningún temor.
La fría neblina sirve de calmante helando el púrpura y blanco atrapados en sus venas.
Antes ondas ahora hileras de ráfagas eléctricas disparadas con lentitud impresionante. Pensamiento vago. Impresiones de la ausencia de risa y llanto, sellos o señales como sea son solo impresiones en el gesto petrificado de su cuerpo sedado. Escasas pulsaciones, miradas morbosas que intentan percibir los movimientos casi imperceptibles del cuerpo consumido. Colores brillantes quemando sus retinas por las que ha cruzado la neblina. 
La vida adquiere otro significado tras la ceguera total, tras la noche que va acabando.. Después..
El púrpura y blanco le desquician. Espasmos en su cuerpo resucitan todas las emociones al unísono. El oxigeno entra rápidamente quemando sus pulmones aún contraídos. Escalofríos le ponen la piel de gallina y otra ave se suma al acto circense de su vida. El color entra por la ventana alborotando sus sentidos. Siente el azul entrar al igual que el verde olivo, rasgan las paredes nasales y el blanco titanio de un lienzo inconcluso termina por romper el tabique de su nariz. Vuelve el dolor junto al canto del gallo que anuncia un nuevo día..

Toma sus gafas, ataúd de sus pupilas. Se acicala encerando su escaso cabello. El mismo abrigo gris le acompaña y sale dispuesto a oler la putrefacción del mundo tras haber aspirado el aroma sutil de su vida nocturna.

γک.

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