9.7.09

Mascara de electricidad (fragmento)


Cené, después vi una película sin prestarle atención, pues la historia de uno de los personajes se asemejaba demasiado a mi vida y eso es cruel. Acabó la película y me serví una copa de pinot, no soy de gastar demasiado dinero, pero si se trata de vinos y libros, no medito en costos aun cuando la realidad en mi cartera se queja en gritos. 
Sin darme cuenta he bebido mas de la mitad a solas y a media luz la noche me ha invitado a meditar. Cuando comencé mi copa pensé en las personas que cruzaron por mi camino durante el día, pensé en sus gestos, modismos, reí al recordar sus atuendos y poco a poco llegue a una conclusión, mi mente se aclaró por la cantidad de vino en ella, conclusión a la que juego ahora con una diferencia, me he dado cuenta del juego y me volverá loco pronto ya que ni de día ni de noche lo abandono.
Al pensar en los rostros visualice de inmediato su mascara, es decir, el papel que juegan unos o pretenden jugar. Cada persona es un actor de su propia obra o un actor de alguna obra, el caso es que actúan, actuamos. Hay actores doctores, pulcros y elegantes que cuidan su imagen siendo cordiales, estos llegan a casa y se quitan la mascara de pulcritud para dar paso al agresor, verdugo y pederasta. Los hay diferentes pero quizás, y digo tan solo quizás mas inclinado a negación que a afirmación, que son como yo y que han olvidado que tan solo se trataba de un juego, de algo que se tiene que abandonar en cuanto se cruza la puerta y se interna uno en casa. Hay también pintores escultores, están los que van capturando todo y nada a través de su lente, muy pocos llegan a revelar sin sospechas grandes íconos y eso nos remonta a las grandes empresas donde se encuentran los altos ejecutivos y sus cuentas y quienes llevan las mismas y quienes les llevan el desayunos a estos otros actores, al que abasteció los insumos para la elaboración del almuerzo quien lo elaboro con nostalgia dentro de su obra dramática recordando quizás, recordemos el tono que lleva el quizás que menciono, alguna obra literaria donde el alimento es la fuente de inspiración así como fuente de todos sus males; amor, locura y sexo. En fin el caso es que todos llevamos caretas, mascaras, antifaces y vamos por la vida pretendiendo demostrar que somos eso que hemos elegido ser, pero allí viene el sentido que me impulso a desvelarme… personalmente deseo levantarme dentro de unas cuentas horas aun con el sabor de resaca en mi boca y comprobar que llevo una mascara nueva, mejor aun, que llevo mi rostro desnudo. No tener que presentarme fingiendo ser ese alguien que se ha obsesionado por ser, y que misma obsesión me avergüenza. Quiero levantarme sin la necesidad de coger un bolígrafo y escribirlo o inventarlo todo. Es mas, quiero tirar a la basura la grabadora de bolsillo que siempre me vigila y los miles de casetes de historias inconclusas que me acechan. Abandonar a mi lap top, deseo no encenderla, pues siempre espera ansiosa todas las mañanas que abra el procesador de textos y dios sabe cuanto me esfuerzo por distraerme, abriendo un montón de cosas que son solo juegos, pero el procesador de textos parpadea incesante, obligándome a escribir lo mas rápido que me permitan los dedos. 
He llegado a pensar que la culpa de todo la tiene la electricidad, esa cosa que viaja a una velocidad impresionante, misma que me terminara por volver loco, las ideas viajan dentro de mi cabeza a mil por segundo, saltan y rebotan. Mi mente frente al monitor, específicamente frente a mi lap top, se ha convertido en una puta y además psicópata, y digo puta literalmente hablando, desnuda con sus bolas al aire en pleno acto sexual, pidiendo a gritos más y más, y con cada tecla rozando mis dedos un gemido de éxtasis le acompaña. Mi corazón palpita a toda prisa al recordar esos momentos y comienzo a sudar de la ansiedad por escribir de nuevo.. Creo que este juego ya no necesita de la electricidad para surgir, posee vida propia o quizás poseyó la mía, como sea es igual, para mi escribir es un placer orgásmico. Tengo que tomar otra copa..
Se ha acabado el vino, tengo otra botella esperando acompañar una buena platica, espero tomarla pronto y no precisamente acompañarla de un monologo. 
Al final del día cuando recuestas la cabeza sobre la almohada ¿Quién eres?
El mismo actor que duerme con su mascara y su sonrisa fingida o eres uno de pocos como yo a los que la mascara se les ha adherido a la piel, a los que les asalta la ansiedad de seguir y seguir jugando hasta que te das cuenta que ha dejado de ser un juego y que se ha convertido en una constante obra teatral totalmente trágica, que te despierta por las noches y te vigila durante el día. Una enorme y exhaustiva vida. Pero que cuando ves la prenda tejida y con detenimiento la observas, encuentras la finura y delicadeza con que fue bordada, suspiras y dices; “puedo hacerla aun mejor” llámenle obsesión por la perfección, un imposible, o simplemente arrebato, actuación o locura, pero lo que aquí importa es la conclusión a la que he llegado hoy, y es que la culpa de todo la tiene la electricidad. En la oscuridad todos los rostros son iguales, a la luz del día surge en los rostros la mascara que se cargó de noche. Formada primero por impulsos eléctricos en el cerebro añadida después a la piel por absurdas ideologías, la electricidad nos ha dominado. 


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