20.4.10

Maniquí.

No hay nada más escalofriante, a mi pensar, que imaginar a un demente observándonos y no hay nada más terrorífico que darse cuenta que dicho demente, en efecto, nos acecha.
Haré una breve pausa para darme a entender extensamente, para algunos los sucesos paranormales son escalofriantes, ya sea desde escuchar un ruido hasta ver una sombra, objetos en movimiento o esas cosas moviéndose en espasmos violentos, todo aquello acechándonos. Da terror la causa que lo provoca, su porvenir de dicha cosa, si es la sombra sin cuerpo que va pasando o si es el cuerpo sin sombra que está acechando.
Acababa de mirar una película de terror y salí fumar para satisfacer mi creatividad ante las mediocres escenas y así dar impulso a mis ideas ante la precaria manera en que aquel director llevó las suyas a la pantalla grande. Salí de mi habitación, dispuesta a fumar un cigarrillo y altamente motivada a continuar el guión para mi cortometraje. Llegando a mi estudio azul, abrí la ventana para fumar mientras las imágenes de mis muñecas flotaban frente a la cancillería oxidada. No es novedad alguna que pese a ser de madrugada las luces del vecino de sus cuartos contiguos estén encendidas, dos habitaciones en las que he reparado cuando me quedo sin ideas, una de estas tiñe sus paredes de un verde colonial y la otra pintada de beige da indicios de haber sido rojiza.
Nunca repare más de la cuenta pues la imagen solía ser igual, para mi sorpresa una extraña forma asomaba de la ventanilla del cuarto beige pensé en que al igual que yo había alguien fumando, pero vi algo que rompía la estática de la forma, ¡me emocionó! Por lo que tuve que coger mis gafas, ya que sin ellas las imágenes más divinas se postran ante mis ojos cuasi ciegos transformadas en monstruosas y amorfas entidades.
Revolví el bolso sin apartar la patética vista de la extraña forma que había dejado de emitir movimiento. Sin alcanzar a ver con claridad, aquello imagino me observaba, recordé que llevo también en el bolso un telescopio de mano con el alcance necesario para descubrir que era aquella cosa. Lo tome llevándolo hacía mi ojo más sano y lo calibré, de inmediato la cosa extraña adquirió total claridad. Dos canicas demoníacas me miraban, un gesto de asombro esbozado en su boca, terror, espanto y vanidad encontré.
Absorta en esta imagen no me percaté que la luz del garaje, de esa casa, se había encendido. Fue hasta después. Tras reconocer aquélla forma que tantas veces al igual yo había esculpido comprobé que tan sólo se trataba de un simple maniquí por lo que aparte el telescopio de mi ojo cuasi ciego y cerrando la ventanilla comencé a escribir esto olvidando el guión de mis muñecas.
No le di mayor importancia a la luz del garaje, lo que me impulsó a contar esto fue que tras cerrar la ventana y comenzar a escribir escuche un portón abrirse cautelosamente y enseguida unos pasos merodeando frente al pórtico de mi casa, el escrito dio un giro inesperado comenzado por la explicación de lo que yo llamo terror, llevado por la extraña forma y ahora terminando con la sensación real, palpable del terror. Tengo que escribir a toda prisa, no meditó en correcciones ortográficas ni en el sentido que pueda o no tener este escrito. Hace no más de un minuto que la luz da indicios de querer irse, la línea telefónica no da señales de vida, los celulares no emiten señal alguna...
Tengo que contradecir estas suposiciones, deben ser sólo eso. Me paro de nuevo frente a la ventanilla encontrando que la luz del antes cuarto beige, ahora rojizo, de nuevo está encendida pero la cosa, la forma, lo antes extraño, ¡el maniquí ya no está!
Escribo a toda prisa lo que me permiten mis dedos, regresó al papel y a la tinta intentando dejar testimonio de esto tan terrorífico que sé me sucederá... algo trepa por la pared que da a mi ventanilla, es algo atroz, bestial ya que puedo escuchar una respiración agitada que da indicios de provenir de un animal, cosa, humano de algo enorme. Estoy segura que ésa monstruosidad tiene el deseo de hacerme daño y en cualquier momento asomará detrás del cristal de mi ventanilla con su rostro maligno.
Estoy entumecida esperando que suceda lo peor, inmóvil, casi sin vida, parada frente a la ventanilla mirando el reflejo deforme a causa de la lluvia de unos ojos que parecen canicas, de una boca que esboza un gesto de asombro petrificado. Han cortado la luz dejando un rastro de vaho en el cristal...                                             γک.

Textos más leídos

VideoBar

Este contenido todavía no está preparado para las conexiones cifradas.

La música.. Ese movimiento, lenguaje que el abandono y el quebranto engendran.