17.8.09


Ahora que ya no estás puedo por fin hablarte sin ser interrumpida.
Tu constante juego de superioridad psicológico y tus sistemáticos desprecios eran difíciles de descifrar y de tolerar a veces. Eras morena clara, siempre fuiste delgada incluso mas de cuando comenzaste a enfermar y tu estupenda cabellera negra relucía en tu cabeza como una palmera exótica, eran bellos tus ojos bellos e inigualables tus ojos miel claro con broqueles de oro cincelados en tus pupilas, los notabas si te miraban fijamente a menos de un metro de distancia, pocas personas tuvimos el gusto de saborear la exquisitez de tu sangre real pero, ¿era esto razón suficiente para que colocaras al resto del mundo por debajo de tus pies?
¿De donde provenía esa obsesión por detectar errores en todo y en todos? ¿Por qué tuviste que decirle a Raquel que su casa era muy fea, lo que te alejó de su amistad para siempre? ¿Por qué le dijiste a Juan que su poesía era terriblemente aburrida y sin sentido y que Jaime robaba imágenes de otros y plasmaba historias comunes y corrientes que se podían encontrar en un charco mugriento, que eso no era arte? ¿Qué placer te producía estar corrigiendo la pronunciación de los extranjeros y siempre encontrando algún defecto en mis corbatas y mis cortes de pelo? ¿Eran tu infelicidad e insatisfacción la causa de tu amargura? ¿Fueron acaso las múltiples tragedias en tu niñez y adolescencia las que te agriaron convirtiéndote en el ser humano irascible que fuiste?
Y sin embargo bajo tu arrogante y colérica imagen de mujer fatale, fuiste una criatura adorable y la más fina y generosa misántropa derramando humor negro. ¿Cuántas veces nos sentamos hasta entrado el amanecer burlándonos a carcajadas de lo ridículo de los demás y de sus absurdas obras patéticas que solo mostraban debilidades humanas? ¿Por qué te volviste tan perfecta? ¿Es la perfección algo innato o se adquiere o las dos? Supongo que el estar en contacto desde la cuna con perfeccionistas de alto calibre como lo fueron tus padres, fue lo que te imbuyó de un alto grado de exigencia e impecabilidad muy a pesar de que tus padres contigo hicieron a un lado sus obsesiones por la perfección permitiéndote todo aun tus harapientos jeans, recuerdo que los portabas con elegancia aristocrática. 
Nunca olvidare la fascinante escena en tu quijotesco castillo, en medio de un México salvaje y mugriento. Allí, rodeada de exóticas plantas llevabas vida de ermitaña de princesa embrujada o más bien de dañada excéntrica reclusa que huía de las convivencias vulgares de una sociedad falsa, como tú le llamabas. Tal vez tenías razón al protestar así contra la sociedad moderna, construyendo tu propio palacio-cristal y perdiéndote allí en tu propio laberinto edificado de paredes falsas. Recuerdo las conversaciones absurdas e ilógicas que entablábamos a media noche no tenían sentido alguno sin embargo te sumergías en un mundo parecido al de lewis carroll. Tus salones eran fantásticos repletos de litografías de kandinsky en un cuarto, de Dalí en otro y de miles de van gogh en donde charlábamos todos mal iluminados de una forma decrepita por culpa de las lámparas de petróleo, despreciabas la electricidad y la humanidad, tú amabas tu soledad y a la naturaleza pero odiabas salir al jardín por temor a que te treparan las arañas vegetarianas, eras cruel y materialista adorabas la naturaleza en posters y revistas. 
Siempre llevaré en la mente esos cafés salidos de una tetera o de charles dickens, fuera de esos salones embrujados el ruido de las palmeras al golpear una contra otra por el viento y los ladridos de tus perros en presencia de un extraño, eran graciosos. Como jamás olvidare tu imagen pintando en tu estudio, zambullida en tu mundo edificado de un lienzo blanco mal proporcionado y desvencijado, tu eterna aureola de humo sobre tu cabeza y la colilla del cigarrillo a punto de quemar tus labios, las gafas a punto de caer sostenidas solamente por la punta de tu nariz afilada. Movías el pincel con tal libertad que se disfrutaba el solo mirarte hacerlo. Tomabas el pincel abanico de una manera extraña entre el dedo índice y el medio, sin apoyar el resto de la mano, tu decías que con esa postura se alcanzaba la perfección en el pulso, pero que la perfección al pintar necesitaba más que una buena postura por lo que si robaban tu secreto no tenia importancia pues no podrían jamás robarte el don que poseías, que modesta que eras. Parecías un personaje barroco y abarcabas todo el espacio con tu mirada incluso cuando no pintabas. Disciplinabas todo y a todos bajo tus tétricos gritos, amenazas y peroratas.
Así te encontré en tu oxidado mundo en tu hacienda decrepita y arruinada, pintando creando vida te me figuraste a Zeus a un dios mundano capaz de tragar a sus propios hijos por el solo afán de seguir reinando. Fuiste generosa y avara, benevolente y maliciosa, amorosa y maldita, aristócrata hasta la medula, poseías una personalidad devastadora y extrañamente a pesar de eso, hacías amistades a montones con tremenda facilidad.
Para concluir debo confesar que la impresión que me llevo de ti es de adoración, sumisión y hasta cierto punto envidia, es por esto que debo borrarte debo dejar de pintar mi autorretrato por que jamás nadie tiene que conocerme en su totalidad y jamás nadie puede superarme incluso si se trata de mi misma. 
Yz.

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