26.6.09

La incógnita de una obsesión.

Me adentrare en un territorio desconocido, escalofriante y aterrador, muchos lo tomaran como un caso sobrenatural, yo en cambio lo he tomado y abordare como un caso de negligencia medica, mejor dicho un asesinato sustentado en una absurda obsesión religiosa.

"Pocos conocen el nombre de Anneliese Michel, pero el mundo del cine lo conoce muy bien".

Nacida en Leiblfing, Baviera el 21 de septiembre de 1952. Educada bajo una estricta religión católica a Anneliese Michel en 1968 se le diagnosticó epilepsia. Fue ingresada en el hospital psiquiátrico de Würzburg. Al salir completó sus estudios de bachillerato. Sin embargo, durante todo este tiempo en el colegio Anneliese aseguraba tener visiones y escuchar voces demoníacas, por lo que sus amigos y compañeros se alejaron de ella. Los médicos que la atendieron no encontraron una explicación satisfactoria a los padecimientos de la joven. El porqué no estudiaron a fondo su caso, permanece sin respuesta ya que en su caso existían comportamientos psíquicos extraños (por ej. trastornos en el comportamiento y/o en el habla), estos no son por lo general provocados por la epilepsia, sino que su origen se encuentra en el trastorno cerebral, que a la vez es la causa de las crisis epilépticas. Jamás fue estudiado ni diagnosticado su caso aun cuando fue internada en un hospital donde supuestamente médicos expertos la asistieron. En cambio el tratamiento (si se le puede llamar así a la serie de torturas) y la obstinación de sus padres no ayudaron en el trastorno psicológico solo sirvieron para agravarlo

En resumidas cuentas a raíz de ser hospitalizada Anneliese Michel jamás volvió a ser la misma. 
Sus padres (obsesivos religiosos) optaron por pensar que su hija estaba poseída y que los mismos demonios no le permitían comer (eso le provoco una terrible inanición) por lo que llevaron el caso a varios sacerdotes que no encontraron ninguna prueba (tiranismo o sansonismo, xenoglosia, clarividencia, rechazo a las imágenes religiosas, dermografías, levitación) que indicara que se tratara, efectivamente, de una posesión .
Anneliese continuó con el tratamiento prescrito por lo médicos, aunque sin resultados visibles. Fue en 1975 cuando la Iglesia aceptó el caso como posesión diabólica y aprobó el exorcismo. Anneliese había empeorado notablemente, los ataques eran más violentos y atacaba a su familia y cualquier símbolo religioso que se le pusiera por delante. 

Las diferencias en las imágenes de Anneliese indican deformaciones en el cuerpo, ocasionadas quizás por las torturas recibidas en el hospital por ejemplo; la enorme longitud de sus extremidades como cuello y piernas flexionadas.
Analicemos también las últimas frases que ella diría
“Manifestó estar poseída por hasta seis demonios diferentes, entre ellos; Lucifer, y aquellos que también poseyeron a fleishman, caín, judas iscariote y nerón entre otros”.
Todos ellos personajes mencionados en libros religiosos, tales como la biblia y otros, que al ser Anneliese hija de padres obsesivos religiosos, habría estado en contacto con algunos libros de esa índole en algún momento. Queda una incógnita, las lenguas en las que logra hablar. Volvamos pues al tema de los padres, recordemos que se acercaron a la iglesia en busca de ayuda como primera instancia aun cuando su hija no mostraba indicios de posesión, mismas que aparecieron casualmente en un futuro, ¿insistencia de los padres? 
El exorcismo se prolongó durante un año y sin éxito Anneliese murió a los 23 años de edad.
La autopsia atribuyo el fallecimiento a la desnutrición y deshidratación. Encontrando también sus rodillas destrozadas en ataques de genuflexión compulsiva (acción de doblar una rodilla en señal de adoración a Dios). Los padres y los curas fueron procesados judicialmente dos años después en 1978 y hallados culpables de negligencia médica. 

“Mama, tengo miedo” Fueron las últimas palabras de Anneliese Michel.

“No me arrepiento de lo que hicimos. No hubo otra forma de combatir el mal” Fueron las últimas palabras de Anna Michel (madre de la victima).

 Audio del exorcismo.

      


24.6.09

Dedicatoria.


Fui a visitar a mis viejos, a la misma casa donde nací. Me pareció extremadamente pequeña en cuanto la vi, de niño la veía gigantesca. Eran laberintos los ahora cortos pasillos donde la humedad los ha corroído. 
Me senté a esperar a que bajara mi madre. Mi padre no le quitaba la vista de encima al regalo que llevaba entre mis manos, era una mirada extraña, una mirada que hasta ese día pude comprender y conocer, misma mirada que me acompañará por siempre sin podérmela sacar de las pupilas. 
-¿me ofrece usted un café? 
Pregunté con nerviosismo, como si al haberme ido de casa dejara de ser su chiquillo. Como si al haberme ido lo hubiese hecho de mala forma (a los padres siempre todas las formas les parecen malas, si se refiere a que sus hijos salgan de casa) pero no, me fui bien y hasta podría decir que los deje tranquilos, eso creía. Decidí irme con la esperanza de que me fuera mejor en mi nuevo hogar, ¡corrijo!; de que me fuera mejor en otro lugar.. No puedo llamarle hogar a otro lugar que no sea esté que me vio crecer y que en cada esquina esconde diabluras y miles de aventuras. Tenía tantos planes, mismos que se cumplieron al paso del tiempo y de haberme quedado jamás ninguno habría realizado. 
Mi porsche, estacionado frente a la casa de mi niñez, relucía despampanante, uno o dos vecinos lo miraban y lo palpaban para comprobar que no se trataba de un sueño. Yo miraba el espectáculo y reía de oreja a oreja sintiéndome orgulloso sosteniendo un regalo entre mis manos. Mi padre se había sentado y mantenía la mirada en el regalo de pronto el silencio torno incomodo el momento, al menos para mí puesto que mi padre parecía no percibir nada ni siquiera se inmuto con mi llegada, fue hasta que rompí el silencio diciendo:
-Sé que tarde un poco, pero usted sabe; el trabajo, las obligaciones.. Hay que mantener el porsche y otras cositas (le comentaba al tiempo en que sacudía el emporio armani que llevaba puesto)
-Pero al fin lo pude traer, y debo reconocer que lo tuve conmigo un par de años, las navidades pasadas en las que mi madre llamaba (mi padre se enjugo los ojos al tiempo en que me refería a ella) para ver si podría venir, bueno yo lo miraba en una de las repisas de mi sala y pensaba que algún día de estos se lo traería y si pensé hacerlo pero usted sabe el trabajo es primero y bien que usted sabe de eso. 
Se lo comente en un no tan sutil reproche por su ausencia durante mi niñez, a diferencia de que si él no trabajaba yo no comía y una visita a ellos desde hace años pude haberla hecho sin el mayor esfuerzo. Yo seguía hablando al ser que me dio la vida que parecía en aquel momento haberla perdido. Momificado con su mirada escudriñando el regalo. Algo en sus pupilas cambio de inmediato, me entre dejó ver que aun seguía vivo, su mirada se lleno de un aspecto raro surgido de la mezcla entre rencor y dolor, yo volteaba hacia la escalera impaciente de escuchar bajar de ella a mi madre.
-¿Es el libro?
Preguntó mi padre por fin al percatarse de que yo era ahora el que clavaba la mirada hacia la escalera y al parecer tras haber lanzado su pregunta se había quedado sin aliento y vi otra nueva mirada.. Era temor. 
-Si. 
Dije sin más preámbulos.
-Hace años que lo he terminado, hasta lo han publicado. Se que lo debí traer antes, lo se, pero el trabajo papa..
Mi padre agacho la mirada y no se contuvo el llanto, fue allí, justo allí donde comencé a comprender su silencio y su distancia. Comprendí la ausencia de unos pasos que tanto ansiaba escuchar bajar por la escalinata.
-Lo ha leído, le gustó y sabíamos que lo lograrías.
Dijo sin aliento, enjugándose las lagrimas. Me pare botando el libro en la mesa y me fui directo a la escalera, mi padre se llevo las manos hacia el rostro pues no tuvo fuerzas para detenerme. Subí precipitadamente como cuando chiquillo a diferencia de que esta vez no eran enemigos o aliens imaginarios los que me perseguían, era un solo monstruo, un monstruo real llamado miedo y me acompañó en cada paso tras casa escalón tras cada bocanada de aire que inhalaba desesperado. Abrí el primer cuarto, el que antes era mi cuarto, esperaba encontrar una habitación nueva más mi cuarto continuaba intacto. Las dos cartas que había mandado durante todos estos años sobresalían del edredón azul con rombitos rojos, las levante y pude comprobar que no solo habían sido leídas si no también releídas una y otra vez, había huellas de lágrimas en ellas, cuidadosamente dobladas como yo habría de mandarlas. También observe las fotografías donde salgo con los chicos del barrio, fueron dos de sus hijos los que palparon mi porsche.
Regresé a la realidad después de haber dado un breve viaje a mis recuerdos que había dejado en casa de mis padres. Corrí al recordar el motivo que me impulsó a subir, y me halle frente a la puerta de la habitación de mis padres, corrí hacia allí esta vez con el mismo miedo que de chiquillo me hacia correr de noche hacia ellos. Puse mi mano en la perilla con temor y estaba decidido a abrir la puerta pero una mano me detuvo, era mi padre que me tomaba del brazo.
-Lo ha leído y siempre estará orgullosa, pero dijo que tú no lo habías escrito del todo, no hasta verlo con dedicatoria y lo esperó lo mas que pudo, pero te comprendo hijo.. El trabajo es primero.
Abriendo lentamente la puerta dejó resbalar su mano anciana sobre ella, no solo acariciaba una puerta de madera acariciaba también noches en vela, largas noches de sufrimiento donde él fue su única compañía.
La cama tendida perfectamente, su edredón gris de toda la vida junto a los enormes cojines que tanto le gustaban a ella permanecían intactos como le gustaba ver su cama por las noches antes de dormir placidamente. Su retrato colgando, la cortina a medias, no pude sostenerme en pie y dejándome caer sobre la cama me llevé las manos al rostro mientras gritaba en silencio y sin poder llorar le dije para mis adentros:
-Lo he traído.. Mamá es.. El libro.. Tu libro. Una luz entró a duras p
enas por la ventana iluminando lo que debajo del retrato de mi madre se hallaba, y allí recibiéndome con una sonrisa aunque quieta y muda, mi madre se hallaba.
Me acerque a la urna que guardaba celosamente sus cenizas y le pedí perdón por abandonarla por haber sido tan egoísta. Mi padre me abrazó, lloré desesperadamente y me aferré a su esbelto y raquítico cuerpo.. Una voz rompió en el cuarto:
-Ven, solo esta noche y después dormirás solo.
Era mi madre que me acariciaba el rostro para limpiarme las mejillas.. Tenía yo once años y esa noche había tenido un mal sueño. Dormí en la alcoba de mis padres, sin quitarle la mirada de encima a mi madre. 
Y.Z.

22.6.09

La hermosura.

He probado cuerpos de todos sabores y me he perdido en la dulzura o amargura de algunos, pero al final todos resultan ser solo cuerpos para mi. 
El ser humano en general tiende a reaccionar toscamente ante un cuerpo vulgar, apodándolo hermoso, pero en realidad ¿Qué es hermosura? Yo no soy como el resto de las personas, tengo que reconocerlo, gozo de un paladar exigente, así soy. Un cuerpo sin ojos, sin labios, sin físico.. He allí la verdadera hermosura. Por que la hermosura no se encuentra en el exterior, necesita llegar al alma penetrando por el cuerpo para que emerja excelsamente después. 
Si pudieras, tú lector, mirar a través de mis ojos entenderías y adorarías la sensación que no puedo explicar cuando mi mirada encuentra la hermosura. Podrías ver de una manera extraordinaria ese cuerpo y sabrías que es único, estarías orgulloso de poseer un cuerpo único en su especie, aun cuando ese cuerpo posea miles de defectos, miles de enfermedades, miles de errores, aun cuando ese cuerpo quizás no exista. 
Pero te aprecio lector, aunque no te conozca, te aprecio por tomarte un par de minutos para leer esto y te respeto pues sin saberlo a punto estabas de internarte en mi mente y yo de incitarte sin mesura a eso y soy demasiado egoísta como para compartir contigo mis sensaciones. Es por esto que te digo; es mejor no intentar entenderlas, más solo te daré una breve idea. 
Una cosa es aceptar que me encuentre en ocasiones frente a un cuerpo hermoso pero otra cosa muy distinta es aceptar que me he obsesionado de ese cuerpo hermoso. Te aconsejo que no sigas leyendo, por que aunque son frases cortas y atroces no por eso te parecerán horripilantes si no por el hecho de que son frases reales.. Continua leyendo he aquí mi explicación:

Primer acto; los ojos del cuerpo hermoso me miran, mis ojos esquivan a los suyos pero los y lo han mirado por completo. El cuerpo hermoso comienza su cacería mientras en mí el canibalismo me lanza imágenes de sus tensos músculos y de su blanda piel. La lujuria extrema aflora en el instante en que mi olfato percibe un aroma característico que porta la hermosura. La fantasía solo es eso si el encuentro queda en coqueteos.

Segundo acto; la voz se hace presente. Me sofoco y me pregunto; ¿podré comerlo?

Tercer acto(euforia, pérdida de la cordura); si acaso el cuerpo hermoso ríe, me comeré sus mejillas. Si acaso el cuerpo hermoso se silencia, me comeré sus muslos y antebrazos. Y si acaso el cuerpo hermoso se aparta, lo devoraré por completo.
No hay explicación para la sensación que viene a mí al primer contacto de mi lengua con el cuerpo hermoso es inigualable, es.. 

No puedo explicarlo, no con palabras ni imágenes lo que le sucede a ese acto, por que no lo recuerdo. Es tan grande la euforia que lo olvido, me pierdo al encontrar el sabor (y debo decir que en este momento me he mojado los labios al recordarlo) ese sabor que surge al mezclarse con mi saliva, tras haber hecho un estudio previo de la parte que debería probar para después atragantarme con la misma, un sabor entre anguila y mango (dependiendo de la zona que coma)No he comido jamás nada más delicioso que la hermosura.

Y.Z.


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La música.. Ese movimiento, lenguaje que el abandono y el quebranto engendran.