1.6.10

Carta.

Se eriza mi piel al sentir tu presencia
y basta tu aroma para que una multitud
de orgasmos se desaten en mi cuerpo. 
Mi rostro busca al tuyo entre la gente,
mi pecho se agita al no reconocerte
mas se percata de la proximidad de nuestra piel
y ansioso te busca, te busco, nos buscamos.
No sé tu nombre,
tal vez no sepas el mío,
desconozco tu cara y sus facciones,
rasgos de tu raza y hasta tu nacionalidad
pero te siento tan cerca que puedo decir
estas por llegar.
Te siente mi cuerpo agitado vehemente por las noches
y te extraña al levantarse con ganas de ti
susurrando tu nombre que mis labios no reconocen
y oliendo tu aroma impregnado a mi cuerpo
que desata todos mis deseos. 
Sé que llegarás pronto,
pues me he reservado entera para ti..
Toda tuya por siempre..
 
γک.

Donación.

Retiró las vendas de mi rostro, por vez primera sentí entrar la luz por mis pupila y resbalar el placer que causa un amanecer tras la penumbra.
Salí sin prisa admirando pequeñeces del mundo por insignificantes que estas fueran. Seguí por horas las pisadas que me contaban las historias de los transeúntes, estaba embelesado por tan increíble y gratificante placer que otorga la vista.
Fue cuestión de no más de un minuto en que aquella imagen acaparó toda mi atención, Úrsula en la parada del autobús, espléndida se erguía entre la multitud de gente deforme y mal oliente a ella que la conocía de hace tiempo, se percató de mi presencia, me habló y me di cuenta que era la mujer con la que tantos años había charlado amenamente frente a una taza de té e historias de desamor. Esta imagen devolvió a mi rostro lo que un día había perdido por lo que no perdí tiempo en acercarme para besarle desaforadamente y al hacerlo noté que mi actitud junto a esos malignos ojos nuevos había cambiado. Me habían vuelto más sensible y a la vez más exigente y al verla de frente desee de una manera extraña asesinarla inclusive visualice el acto más terrorífico que jamás puedan imaginar. Corrí al consultorio a buscar una explicación de lo que me sucedía, el doctor desviando mi mirada se redujo en palabras y buscó en sus archivos mientras yo contemplé por vez primera mi rostro en el amplio espejo de la habitación, un hombre astuto, de mirada hábil y escalofriante se reflejaba..
- el donante, decía el doctor con voz trémula, fue Carol Wuorns..
-¿El asesino? ¿Pero que me ha hecho usted? Le dije en tono de reproche deseando sacar su lengua que pronunciaba palabras incomprensibles a mis oídos, arrancarla de su boca y reírme después de sus cavidad deforme.. Corrí de nueva cuenta cuando comenzó a inquietarme el ansia de matar de una manera extremadamente aberrante.
-Es imposible.. Es ilógico.. Se oía su voz apagándose desde su consultorio.
En el trayecto a casa desvié la mirada de cuanta gente encontraba a mi paso, todo me parecía espantoso, veía los cuerpos mutilados y ensangrentados arrastrarse sobre la acera, todos me miraban culpándome. Al llegar a casa tomé un abrecartas y e intenté arrancar esa manía que al igual que los ojos me había sido donada, le llame a Úrsula para pedirle auxilio y ella acudió al acto..
Aquel día, en que quede ciego por segunda vez, me desprendí de esos ojos asesinos mas la manía perduró para el resto de mi vida. El deseo de matar se ha pegado a mí como los parpados al suelo que a veces escuchan los llantos de Úrsula.
                                                                     γک.

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