8.6.09

Creo en mí. (primera parte)

Llámenle como deseen llamarle, yo hoy le llamaré dios y a él va dedicado esto que a continuación escribiré..
Hay momentos en la vida que parecen indicar que el final de la misma se aproxima, no me refiero a momentos de tristeza o dolor físico, hablo de los momentos donde ya ni esas cosas suceden es decir cuando estas muerto en vida, no existe nada, no hay dolor ni sufrimiento, no hay conciencia y nada parece necesario, por tanto herir es por inercia, es decir esos momentos en los que la esperanza ha desaparecido y la muerte física solo confirma lo que ya era evidente.
Me halle pues justo en ese momento, hace no mucho tiempo en realidad hace un par de meses. 
Los médicos me habían informado que todo mi estado físico entraría en cualquier momento en deterioro, lo primero que pensé fue “perderé mi sabiduría” “se esfumará poco a poco” ya que la sabiduría existe mientras el cuerpo lo permita, al menos yo lo creo así, ya que no podría ser sensata viendo a un terrible monstruo en el reflejo del espejo, el terrible monstruo en el que poco a poco me iría convirtiendo.
Pasaron unos días y el cansancio tocó a mi puerta, le abrí. ¿Por qué le abrí? Quizás por inercia, alguien toca uno abre, así de simple no hay mas explicación. 
No voy a negar que todo en mi derredor al igual que yo se iba pudriendo, o mejor dicho, mi fatiga y mi cinismo lo iban pudriendo. 
No me quedó otro remedio que seguir la dieta recomendada por el doctor; cuatro tazas diarias de café como máximo, y eso porque el doctor no soporto mi rabieta haciéndome callar al otorgarme dos tazas más en vez de las galletas y me cambió las ricas galletas por las galletas santiveri, hay por dios que horrible sabían las primeras veces, pero como en todo uno se acostumbra, una fruta en el almuerzo, fruta que no provoque alergias, medio vaso de jugo excepto de uva, un vaso de agua sin saborizantes artificiales ni originales es decir agua simplemente agua y cereal de fibra con leche semidescremada, ultrapasteurizada, deslactosada y además light, ¡como si en méxico fuera tan fácil conseguir! A duras penas hay de la vaquita. Esa era mi dieta bueno la sigue siendo. A las ocho en punto galletitas asquerosas ya sin café, yogurt natural y mi cigarrillo a escondidas. Al verme fumar me decían “tal parece que no has fumado en años”, otros reían mientras decían “tal parece que te fumas tu ultimo cigarrillo” durante la comida y la cena meditaba en la frase “mi ultimo pitillo” mientras me repetía para mis adentros “mi último cigarrillo“. 
Uno de esos días miré, metafóricamente hablando, detrás de mí y observe lo que había logrado hasta entonces, fue allí donde abandone la escritura y la pintura, aunque el doctor me había pedido desde años atrás que la abandonara alegando que los químicos que uso para pintar son perjudiciales para mi salud, obvio no pintare con crayoncitos o puede que algún día lo haga. 
“Mi ultimo cigarrillo” fue la frase que me impulso a dejarlo todo, a tirar la toalla a dejar a un lado la esperanza, claro está que nunca lo mostré antes, yo seguía con mi sarcasmo e ironía pues de haberlos dejado mostraría mis debilidades al mundo y jamás lo había hecho, hasta hoy.

Llego un día en que una amiga decidió coger el teléfono y llamarme, la imagino ahora con calma detrás del teléfono sosteniendo el auricular con temor y pena pensando en si debía llamarme o lo mejor sería esperar a visitarme cuando mis labios enmudecidos no pudieran contrariarla, cuando mis ojos cerrados con mi rostro bien pintado esbozara un gesto dramático, y mi hermoso anillo con su perla brillara en toda su intensidad antes de que apagasen la luz de él por siempre cerrando el féretro. Pero lamentablemente ella tomó la decisión que pensó era la correcta, imagino movió la cabeza y encogiéndose de hombros marco mi numero. Escuche su voz del otro lado del teléfono, pronunciaba mi nombre después me llamaba con mi sobrenombre, insistía en que yo estaba mal, picaba y removía las heridas en mi pecho, yo reí y reí mas fuerte y al hacerlo mi amiga mencionó el nombre de una cantante, me pidió que buscara un par de sus canciones, lo cual hice para que dejara de fastidiar, y como ultimo favor me pidió que esa noche al llegar a casa, estando a solas, hablará con dios. No la contradije y aunque ella sabe y me conoce por atea y no un ateísmo exacerbado pues seria solo la confirmación de ser creyente. Simplemente le dije si, que hablaría esa noche con dios. Ella dudo que yo lo fuera a hacer, le repetí una vez mas de forma serena y pausada que lo haría. “no pasara nada, no cambiara nada, no me quitara mas que un par de minutos y últimamente eso tampoco cambia nada, en otros momentos perdería mi dignidad pero de esa palabra ni el concepto recuerdo por tanto si, hablare con él esta noche, me fumare un pucho con el viejo”
Le dije mientras ella reía aunque dudo que se halla percatado de la simplicidad cargada de sarcasmo con que pronunciaba mis palabras. Colgamos después de que ella me hizo saber que si acaso por alguna extraña razón en el momento en que platicara con dios me sentía mal físicamente o me daba miedo que no dudara en hablarle. Agregó que ella estaría rezando por mí. Le dije que si nuevamente, un si simple y sin interés, colgué, colgamos.

Salí del trabajo ese día temprano, pase por un café a un mini súper, compre un par de cajetillas de cigarrillos, cargue tiempo aire al teléfono y volví a mi auto, recuerdo que esa noche como había salido mas temprano del trabajo me fui a dar una vuelta a periférico, acelere antes de salir de valle, gire bruscamente el volante y una anciana me mentó a mi madre sin ser diez de mayo. Seguí todo periférico hasta llegar antes del parque naucalli, di otro giro brusco, tome la López Mateos y llegue a casa de inmediato. 
Todo estaba en penumbra mis padres habían salido se habían llevado a mi hijo y la casa estaba a mi disposición para entablar una charla con él viejo, para los que me conocen no soy de invitar a nadie a mi casa por lo que la idea de una reunión de ultimo momento no esta dentro de mis convicciones, prefería la idea de hablar con… Con como decirlo, con dios. Llegue a mi cuarto, me fui desvistiendo en el camino, adoro hacer eso, los vecinos en ocasiones me han mirado casi desnuda, adoro la sensación que me produce el imaginar las fantasías de un vouyerista por lo que le alimento sus fantasías y al mismo tiempo alimento mi ego. Me puse una pijama ligera me recogí el cabello, y cargue mi equipamiento, cigarros grabadora por si algo extraño sucedía, en una ocasión ese aparato sirvió para que dejaran de llamarme loca, quedaron mudos al escuchar tremendos gemidos y otras cosas escalofriantes, a lo que yo les repetía, a verdad cabrones y eso que no lo vivieron. Caminé hasta mi estudio, el pasillo estaba aún en tinieblas, me encanta deambular por la casa sin encender la luz, coloque el ipod en mis oídos sin encenderlo, abrí la puerta de mi estudio, entre y cerré tras de mi. Me senté en mi mecedora de madera, un cuadro que lleva pintado el retrato de una mujer, la cual no tocare aquí el tema de quien es o quien fue en mi vida, colgaba frente a mí por tanto lo visualice de inmediato como si fuese dios. La idea era hablar con dios a como de lugar, el cuadro era dios, reí esa noche al notar que hasta en una nimiedad yo aparecía como omnipotente. Comencé hablando claro, calmada y en voz alta.

-hola, no creo en ti, así que haré algo Mm., crearé un monologo. 
Fue lo primero que dije, bastante estúpida la frase porque de no creer no estaría sentada como tarada hablando hacia un cuadro.

-de pequeña solía sentarme justo aquí, a diferencia de que había un sillón verde y una gata.
Había comenzado mi monologo.

-michela.. Se me trepaba.. (Acaricié mi cuello recordando como era que se me enredaba en el, y una tenue sonrisa esboce en mi rostro, al recordar a mi gata siamés)

-que gracioso que en aquellos tiempos, justo aquí, bueno en el sillón verde, pero aquí me dormía la mayor parte de la tarde y junto a mí.. Mi gata.. Michela.. Me cobijaba, comía mi sopa también..

El cuadro parecía escucharme, llámenle obsesión o desesperación el caso es que al percatarme de la atención que ponía el retrato en mis palabras, me di cuenta de que comprendía mas allá de lo que decían mis labios. Había penetrado en mi alma y podía sentir lo que yo sentía. Miré ya no al cuadro, miré a dios sentir compasión por mí. 
No "compasión" a partir de la raíz del "padecimiento" (passio), sino del sustantivo "sentimiento". Tener compasión significa saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento y en breves segundos mutó la compasión en el sentido de wspólczucie, Mitgefühl, madkänsla (arte de telepatía sensible); es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado. 
Un fuerte dolor en mi pecho junto a una tremenda angustia sentí de pronto. Sentía brotar el llanto desde mi vientre, lo sentía pasar por mi garganta, me rasgaba. Las lagrimas dentro de mi cuerpo mutilaron mis palabras, comencé a llorar sin dejar de mirar el cuadro hasta que pude pronunciar palabras nuevamente.

-¡te repudio! En serio te repudio. No es posible que existas y de existir eres una maldita mierda, ¿no es acaso tu imagen conocida por buena y asociada a la bondad? ¡Me abandonaste de niña! Edificaste en mí el vivo ejemplo de lo peor en las vidas. He visto mas doctores que cualquier institución medica. No corría ni jugaba a las escondidas. Me robaste parte de mi infancia, me robaste el amor ultrajaste mis pasiones y el deseo. 
Y ahora, justo ahora me robas.. Me.. ¿Me matas? Te repudio con mis pocas fuerzas.

El retrato de la mujer o dios, aceptaba todo cuanto escuchaba. No voy a mentir en decir que vi una imagen divina, pero el retrato de la mujer que colgaba frente a mí, bajó la mirada. Provocado tal vez por mi vista nublada y llena de lagrimas. Seguí insultando, reprochando, le decía una a una mis quejas al tiempo en que le maldecía, le reclamaba a un cuadro. Si en ese momento alguien hubiera entrado a mi estudio, habría cogido el teléfono marcado al psiquiatra y habría dicho; -venga por esta chica, se ha vuelto loca. Pero estaba sola, el llanto era mi compañía. Débil, desnuda y sola. Fue quizás por esas razones que algo paso en el estudio, algo fuera de lo normal y fuera de mis limites de comprensión, algo terrorífico y desquiciante, el retrato de la mujer de mirada compasiva giro la mirada hacia mi, su rostro se fue convirtiendo en el ser mas grotesco y endiablado jamás visto ni imaginado, su mirada penetraba en la mía, quería poseerme, quería ser mi compañía, altiva y deforme, la mujer del cuadro, el antes dios y el ahora demonio.. Todos me miraron.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿tiene segunda parte?

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